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Uno de los capítulos más destacables del
Códice de Dresde
es el consagrado a chak ek’, Venus. Como para los mayas este planeta era un ser
portador de malas nuevas, de presagios funestos y de guerras, los aj k’inob
determinaban con precisión sus posiciones para conjurar anticipadamente sus
desgracias mediante las ceremonias correspondientes.
Para ello, dividían los casi 584 días del periodo de rotación de
Venus en cuatro partes: 236 días de visibilidad en el este como estrella
matutina, 90 días de paso tras el Sol o conjunción superior, 250 días de
aparición en el oeste como estrella vespertina y 8 días para el paso no visible
entre la Tierra y el Sol o conjunción inferior.
El hecho de que las revoluciones se estableciesen a partir
del momento en que se hacía visible por primera vez en el este indica que los
mayas prestaban una atención especial a la estrella de la mañana. Se trataba,
sin susa, de la parte más crítica de todo el ciclo en relación con las
repercusiones negativas.
Por esta razón, la parte este se asociaba con cinco
divinidades de la guerra. Sólo dos de ellas, concretamente el llamado dios L y
Lajun Chan (“diez cielos”), procedían de la cosmología maya.
Las tres restantes fueron incorporadas del panteón de los
aztecas o de sus predecesores para quedar alineadas junto a los propios dioses
de Venus. Se trataba de Tlahuizcalpantecuhtli (“señor del amanecer”),
Xiuhtecuhtli (“hermoso señor del año”) y Kaktonal (“día de las sandalias”) o Ce
Acatonal (“uno-caña”). Todas aquellas deidades eran portadoras de muerte y
destrucción. Atravesaban a todos los seres cósmicos con sus dardos y privaban a
la humanidad de las cualidades positivas de los asesinados.
El capítulo de Venus servía para calcular las estaciones que
recorre el planeta Venus durante los 584 días de su rotación. Se consideraba
especialmente funesto el tiempo en que Venus es visible como estrella matutina,
cuyos señores se representan con sus cualidades negativas en la mitad derecha de
la página. En el centro, el dios de la estrella matutina aparece como guerrero
con lanzadardos y flechas. En la parte inferior, se reproduce la imagen de su
enemigo mortalmente herido, que se retuerce en el suelo con un dardo en su
cuerpo.
En la imagen aparece el soberano Yaxuun Balam (“Pájaro-Jaguar
IV”) vestido íntegramente de guerrero con su concubina Wak Jalam Cham Ajaw.
El texto superior izquierdo consigna la fecha 7 imix 14 tzek
(5 de mayo del año 755 d.C.). Vienen a continuación el llamado “verbo de la
guerra de las estrellas”, consistente en un signo de estrella demediado y en
gotas de agua cayendo, y una indicación del lugar. El texto dice, por tanto, que
Yaxchilán emprendió una guerra contra una población cercana.
Según la concepción más extendida, la posición de Venus como
astro matutino desempeñaría una función decisiva en la fijación de los días
favorables para llevar a cabo acciones bélicas. Ahora bien, todavía no se conoce
con exactitud la relación existente entre Venus y los días en que se emprendían
campañas militares.
Para establecer unos cálculos precisos, el periodo de Venus
estaba registrado 65 veces, lo cual equivalía exactamente a 104 años ordinarios,
a 146 periodos tzolk’in o a dos ruedas calendáricas.
Ahora bien, el hecho de que tras los 65 periodos de Venus
apareciese un error de cálculo de 5 días constituí aun problema. Como el
calendario se adelantaba al movimiento real de los planetas, había que
retrasarlo mediante el oportuno acoplamiento.
El procedimiento de corrección inverso se aplicó en el
zodíaco, que, con una longitud de sólo 364 días, acumulaba tras cinco recorridos
6 días de retraso. A pesar de estas inexactitudes matemáticas, el capítulo de
Venus del Códice de Dresde señalaba para la primera aparición de Venus como
estrella matutina el día 20 de noviembre del año 934 d.C. (10.5.6.4.0. según la
cuenta larga, 1 ajaw 18 k’ayab de la rueda calendárica); se trata de un
acontecimiento realmente observado, que permitió confirmar los cálculos
precedentes del calendario maya y del cristiano.
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