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Nuestros antepasados y la astronomía

 

    Desde siempre el ser humano ha mirado el firmamento y se ha planteado preguntas.

Vamos a cerrar las notas periodísticas relacionadas con la astronomía dando a conocer qué sabían del cielo los grupos humanos que ocupaban a latinoamérica antes de la llegada de los españoles. Desde siempre el ser humano ha mirado el firmamento y se ha planteado preguntas. Las respuestas iniciales estuvieron asociadas con la mitología.

Por ejemplo, según la mitología griega, Hera, la esposa de Zeus, amamantaba a Hércules y al retirar bruscamente el pecho de la boca del bebe, la leche se derramó y formó La Vía Láctea, o “el camino de la leche”.

Con el advenimiento de la agricultura, el hombre observó que ésta estaba regida por el ciclo solar y las fases de la Luna, lo que obligó a las nacientes civilizaciones a elaborar calendarios que controlaran los sembríos, claves para la sobrevivencia y la prosperidad. Luego vino el comercio y la única guía que tenía el negociante para navegar en el mar, moverse por los grandes ríos, desplazarse por el desierto o recorrer largos trayectos fueron las estrellas. Así que no es de extrañar que desde épocas remotas la humanidad haya conocido con gran detalle las posiciones y movimientos de las estrellas a lo largo del año.

Vamos a cerrar las notas periodísticas relacionadas con la astronomía dando a conocer qué sabían del cielo los grupos humanos que ocupaban a latinoamérica antes de la llegada de los españoles.

Desde siempre el ser humano ha mirado el firmamento y se ha planteado preguntas. Las respuestas iniciales estuvieron asociadas con la mitología. Por ejemplo, según la mitología griega, Hera, la esposa de Zeus, amamantaba a Hércules y al retirar bruscamente el pecho de la boca del bebe, la leche se derramó y formó La Vía Láctea, o “el camino de la leche”.

Con el advenimiento de la agricultura, el hombre observó que ésta estaba regida por el ciclo solar y las fases de la Luna, lo que obligó a las nacientes civilizaciones a elaborar calendarios que controlaran los sembríos, claves para la sobrevivencia y la prosperidad. Luego vino el comercio y la única guía que tenía el negociante para navegar en el mar, moverse por los grandes ríos, desplazarse por el desierto o recorrer largos trayectos fueron las estrellas. Así que no es de extrañar que desde épocas remotas la humanidad haya conocido con gran detalle las posiciones y movimientos de las estrellas a lo largo del año.

Hay que resaltar, para terminar esta introducción, que fue el conocimiento que tenían las diferentes civilizaciones de las estrellas y el sistema solar lo que generó el progreso. No es nueva, entonces, la relación entre conocimiento y riqueza, saber y bienestar.

Los pueblos precolombinos hicieron observaciones tan cuidadosas de las estrellas, que pudieron encontrar la manera de saber cuándo se produciría un eclipse solar. Y entre esos pueblos que hicieron esa predicción se tiene la cultura Maya.

Eclipse solar observado en el año 3379 a.C

Esta cultura aborigen americana tuvo su asiento en el área geográfica que va desde la península de Yucatán, en México, hasta Honduras, en Centroamérica. Se dice que los mayas observaron el eclipse lunar del 15 de febrero del año 3379 a.C. También hay hallazgos en cavernas en Centroamérica que dan evidencias de su cultura en épocas tan remotas como el año 2400 a.C., pero es común encontrar información que ubican la civilización Maya entre los años 1000 a.C. y 1697 d.C.

Cuando llegaron los españoles estos destruyeron casi todo la memoria de su historia y la parte que se salvó se debió a la posición que asumieron algunos sacerdotes misioneros. Este legado y los monumentos que construyeron, han permitido conocer que esta cultura tenía su propio calendario solar, formularon el método de predecir eclipses solares y conocían con exactitud el movimiento de los planetas.

El estudio de los astros que hicieron los mayas ha sorprendido a los científicos modernos. Ellos hicieron cálculos exactos de los períodos sinódicos de Mercurio, Venus, Marte Júpiter y Saturno. Calcularon con exactitud, los períodos de la Luna y El Sol y de estrellas como Las Pléyades, a las que llamaban Tzab-ek, y de las cuales creían que eran originarios.

La Vía Láctea era parte central de su cosmología y la llamaban Wakah Chan y la relacionaban con Xibalbá. Tenían un Zodiaco basado en la Eclíptica, que es el paso del Sol a través de las constelaciones fijas. Este se encuentra en la Estela 10 de Tikal y la 1 de Xultún, monumentos que están en el Petén, Guatemala.

Augusto Monterroso comenta…

La importancia del conocimiento de los mayas en el campo de la astronomía y lo asombroso de su civilización están reflejados en el relato de Augusto Monterroso (Tegucigalpa 1921 México D.F. 2003) denominado “El Eclipse”: “Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable, definitiva.

Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos V condescendiera a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponía a sacrificarlo ante un altar, un altar que Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría por fin de sus temores, de su destino, de si mismo.
 
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

- Si me matáis - les dijo - puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura. Los indígenas se miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén. Dos horas después, el corazón de Fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz del sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían los eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles...”.

Un calendario solar más preciso que el actual

El calendario solar maya era más preciso que el que hoy utilizamos. Todas las ciudades del periodo clásico están orientadas respecto al movimiento de la bóveda celeste. Muchos edificios fueron construidos con el propósito de escenificar fenómenos celestes en la Tierra, como el Castillo de Chichén Itzá, donde se observa el descenso de Kukulkán, serpiente formada por las sombras que se crean en los vértices del edificio durante los solsticios. Las cuatro escaleras del edificio suman 365 peldaños, los días del año.

El calendario comienza en una fecha cero que posiblemente fue para los mayas el 8 de junio de 8498 a. C. en nuestro cómputo del tiempo, aunque no es del todo seguro. Los mayas tenían además un año de 365 días, con 18 meses de 20 días y un mes intercalado de 5 días.

Los registros astronómicos mayas les permitieron la elaboración de calendarios de gran precisión. Por ejemplo, los mayas pudieron determinar el período lunar (el transcurso entre una luna nueva y otra), que conocemos como mes sinódico. Los mayas lo calcularon en 29,5308 días, contra los 29,5306 medido por la tecnología actual: Hay sólo 24 segundos de diferencia. Para lograr tal precisión realizaron un minucioso registro de 405 lunaciones ocurridas durante 11.960 días. Tenían la disciplina científica para dedicarse a la investigación por largos periodos de tiempo.

Pero el interés de los mayas por el estudio de los astros no tuvo un fundamento científico. Parece ser que estaban motivados para conocer el movimiento celeste con el propósito de realizar pronósticos y efectuar rituales adivinatorios. Si fue así, entonces los mayas nos legaron lo conocido como astrología. Ellos se diferenciaron de los astrónomos actuales. A partir de la ciencia hicieron pseudociencia.

Referencias astronómicas

Del terrorismo y la destrucción a que fue sometida la civilización Maya, sólo se salvaron cuatro códices: Dresde, Paris, Trocortesiano o de Madrid y Grolier. Todos ellos tiene enseñan importantes referencia astronómicas.

En el Códice Dresde y en numerosas estelas se encuentran los cálculos de los ciclos de la Luna, el Sol, Venus y las tablas de periodicidad de los eclipses. En este códice se pronostica con notable exactitud las posiciones de Venus en los próximos 384 años. El Grolier es un códice dedicado al ciclo del planeta Venus. Por otra parte, el códice Paris contiene lo que sería un zodiaco y el de Madrid enseña un calendario ritual y de adivinaciones.

Otra fuente de información astronómica que dejaron los mayas fueron los grifos o grabados en piedra, tanto en estelas y monumentos. Se han encontrado grifos que registran el paso de cometas, las posiciones astronómicas de Venus asociadas con las fases de la Luna. En Copán (Honduras), fundada en el siglo V a.C está el “Altar Q” que, según estudios, representa la reunión de sabios que tuvo lugar hacia el 775 d.C. para realizarle ajustes a su calendario, haciendo posible que el calendario maya fuera más preciso que nuestro calendario actual.

Aunque los Aztecas y los Toltecas en México, los Incas en Perú, los Chibchas o Muisca, Tayronas y Zenù en Colombia, también hicieron observaciones astronómicas que les permitió hacer predicaciones del movimiento del sistema solar y el desarrollo de la agricultura indica un cierto conocimiento del calendario, no hay duda de que la cultura Maya fue la más destacada en astronomía, además de tener un sistema de numeración con base 20, lo que les garantizaba expresar números muy grandes sin tener que expresarlos con muchos dígitos. Por su legado se les considera los griegos precolombinos.

Fuente: Diego Arias Serna
Doctor en física, universidad Complutense de Madrid
Profesor-investigador,
universidad del Quindío
Presidente Fundación Semillero Científico

 

 

 

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