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Terremotos y el fin del mundo
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Cuando el hombre apareció sobre el planeta tierra,
ya el planeta tenía más de 4,560 millones de años de haberse formado, y desde el
principio el calor interno del planeta ha generado fuerzas capaces de estremecer
la superficie terrestre, por lo que las primeras civilizaciones conocieron los
devastadores efectos de los terremotos que se producen en las cercanías del mar
Mediterráneo y en la Mesopotamia.
De ahí que el libro del Apocalipsis, escrito probablemente en el año 90 después
de Cristo, nos narra en sus capítulos 6:12, 11:13 y 16:18 que habrá un gran
terremoto, tan grande como no lo hubo jamás desde que los hombres han estado
sobre la tierra, el cual destruirá el 10% de la ciudad; y durante siglos esos
tres pasajes bíblicos escritos por Juan han sido tomados por los falsos profetas
como instrumento para sembrar el terror en seguidores poco ilustrados que no
distinguen entre ciencia y fe, y que no saben que los terremotos no implican la
destrucción total del planeta tierra.
Basados en sus observaciones astronómicas, los Mayas predijeron hace más de mil
años que desde el año 3,113 AC, sólo tendremos 5,125 en el futuro, o sea que el
21 de diciembre del año 2,012, el sol, al recibir un fuerte rayo sincronizador
proveniente del centro de la galaxia, cambiará su polaridad y producirá una
gigantesca llamarada radiante o tormenta solar, por lo que muchos piensan que
esa tormenta solar producirá un terremoto que destruirá nuestro mundo el 21 de
diciembre de 2012.
En la cuarteta 72 de la centuria décima, Michel de Nostradamus (1503-1566)
predijo la gran catástrofe final y la destrucción de la humanidad, diciendo que
“del cielo vendrá un gran rey de terror", y conforme aquella masa planetaria
gigantesca, 8.000 veces más grande que la tierra, se vaya acercando a nuestro
mundo, atraerá el fuego líquido que existe en el interior de nuestro organismo
planetario, este brotará por doquier, formándose volcanes y grandes terremotos y
maremotos. Nostradamus no puso fecha.
Las profecías de Fátima (1917) dicen que en una noche muy fría, a partir del año
2005, 10 minutos antes de la medianoche, un gran terremoto sacudirá la tierra
durante 8 horas, y que los buenos y los que propaguen la profecía de la Virgen
de Fátima no deben temer, pero los demás sufrirán las consecuencias de hacer
caso omiso de esta advertencia, porque el terremoto será tan violento que moverá
la tierra 23 grados y luego la regresará a su posición normal, causará la
destrucción de gran parte de la tierra y algunas partes se separarán y causará
un gran desastre.
Se puede ver claramente que quien escribió estas profecías de Fátima sabía bien
que los terremotos representan las fuerzas súbitas más destructoras que ocurren
en nuestro planeta, y que como el ser humano ha sido incapaz de evitar sus
efectos demoledores, la gente siente pánico cuando se le habla de la posibilidad
de ocurrencia de un gran terremoto, pero que quienes propaguen la fe no deben
temer a los efectos de ese gran terremoto.
Los días previos al 11 de mayo de este año 2011, los ciudadanos de Roma estaban
en pánico porque las profecías del sismólogo Rafaelle Bendandi, fallecido en
1979, establecían que ese día la alineación planetaria de Mercurio, Júpiter y
Venus produciría un gran terremoto que destruiría esa antigua ciudad imperial.
En Taiwán, el profeta Wang llegó al colmo de pronosticar que esa misma
alineación planetaria del 11 de mayo de 2011 produciría un gran terremoto de
magnitud 14 y un maremoto con olas de 170 metros de altura, tremendismo que
nunca ha ocurrido, ni va a ocurrir, pero los taiwaneses se aterrorizaron.
Cuando fuimos consultados por diferentes noticieros de televisión y por el
programa radial El Gobierno de la Mañana, de la emisora Zeta 101, dijimos que
esas profecías eran fábulas intimidatorias, porque los terremotos no obedecen a
alineaciones planetarias, sino a las corrientes convectivas que se producen por
las altas temperaturas del interior del planeta tierra, las que mueven las
placas tectónicas de la corteza terrestre y acumulan energía que se libera
súbitamente en forma de vibraciones.
El 11 de mayo de 2011 pasó y en Roma y en Taiwán nada pasó, tal y como habíamos
dicho anticipadamente a la radio y a la televisión dominicana, porque las
fuerzas que producen los terremotos están dentro del planeta y no fuera del
planeta, del mismo modo que las fuerzas que hacen mover a una persona están
dentro del cuerpo humano y no fuera del cuerpo humano.
Luego nos encontramos que el predicador Harold Camping, cuyo ministerio tiene su
sede en California, advirtió que el día 21 de mayo de 2011 se produciría un gran
terremoto que destruiría el mundo, y aunque muchos norteamericanos le creyeron,
de nuevo advertimos que eso era falso, y así fue, porque la fecha pasó y en
California y en el mundo nada pasó.
La gente debe saber que los terremotos no ocurren en todas partes, sino en las
zonas de contacto entre las placas tectónicas de la corteza terrestre, y que los
daños se presentan en las edificaciones levantadas sobre suelos flexibles
arcillosos y arenosos, pero que las construcciones levantadas sobre las rocas
duras no sufren daños, tal y como lo dice el Evangelio de San Mateo 7:24-27: El
hombre prudente construye sobre roca y el hombre insensato construye sobre
arena.
Es evidente que para muchos seres humanos el fin de sus días ha llegado con un
gran terremoto como el de Alejandría, el de Haití, el de Japón, el de China, el
de Rusia, el de Sumatra, los de Rep. Dominicana, etc. pero asociar los
terremotos con un Apocalipsis planetario es una gran estafa utilizada por falsos
profetas que pretenden aterrorizar a los seres humanos creyentes que reconocen
su impotencia frente a las descomunales fuerzas súbitas de los terremotos y
quienes quieren salvarse.
Si usted vive en una zona sísmica, como la nuestra, y quiere salvarse al momento
de un terremoto, asegúrese de que su vivienda esté construida sobre roca dura, y
no haga caso a los falsos profetas que anuncian que el fin del mundo está cerca
y que será producido por un gran terremoto, porque la Biblia dice en
Deuteronomio 18:22: que “Cuando hable el profeta en nombre de Jehová y la
palabra no suceda ni se realice, esa es la palabra que Jehová no ha hablado. Con
presunción la habló el profeta y no debes atemorizarte de él”.
Quienes hacemos ciencias estamos en el deber de explicar las causas y los
efectos de los fenómenos naturales, de forma entendible para quienes tienen fe,
y quienes tenemos fe estamos en el deber de utilizar las ciencias para demostrar
los fundamentos de esa fe, porque ciencia y fe deben ir siempre de la mano ya
que todo lo que ocurre en el planeta tierra tiene una razón científica, pero hay
que segregar a todos aquellos falsos profetas que viven engañando a quienes
tienen fe.
Escrito por: R. Osiris De León. |
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