¿Que aprender del pasado y las civilizaciones e imperios? La
Tierra es un sistema cerrado. El tiempo es cíclico y corto. Hay barreras humanas
que transforman la globalización en una trampa...
He caminado a través de los restos infértiles de Babilonia, en
Irak, y de la antigua ciudad romana de Antioquía, la capital de la Siria romana,
ahora enterrada en depósitos de limo. He visitado las ruinas de mármol de Leptis
Magna, una vez uno de los más importantes centros agrícolas del imperio romano,
ahora aislada en las desoladas dunas de arena al sudeste de Trípoli. He trepado
a la puesta del sol los ancianos templos de Tikal, mientras bandas de coloridos
tucanes sobrevuelan en el foliaje de la selva allá abajo. Me he parado entre los
restos de la antigua ciudad egipcia de Luxor a lo largo del Nilo, mirando la
estatua del gran faraón egipcio Ramses II quebrada en el suelo, con el poema
Ozymandias de Percy Shelley en mi mente:
“Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
Mira mis trabajos, tu poderoso, y desesperate!”
Nada queda a su lado. Alrededor del deterioro de la ruina colosal, enorme y
desnuda Las arenas solitarias y niveladas se extienden en la lejanía.
Las civilizaciones se alzan, decaen y mueren. El tiempo para los individuos y
estados, como los antiguos griegos argumentaban, es cíclico. A lo que las
sociedades se vuelven mas complejas se vuelven inevitablemente más precarias. Se
vuelven crecientemente vulnerables. Y cuando se comienzan a quebrar la
aterrorizada y confundida población se repliega de la realidad, con una
inabilidad de reconocer su evidente fragilidad y su inminente colapso. Las
élites al final hablan en frases y en un lenguaje que no se corresponde con la
realidad. Se refugian en espacios aislados, sea en la corte de Versalles, o la
Ciudad Prohibida o en los modernos palacios estatales. Las élites se dedican al
hedonismo sin control, a una aún más vasta acumulación de riquezas y al consumo
extravagante. Se hacen sordas al sufrimiento de las masas que son reprimidas
incluso con mayor ferocidad. Los recursos son agotados sin piedad hasta que se
terminan. Y entonces, el edificio vacio colapsa. Los imperios romanos y sumerios
cayeron así. Las élites mayas, luego de que terminaron con los bosques y
contaminaron los rios con limo y ácidos, se volvieron al primitivismo.
A medida que los alimentos y el agua escasean, y esto se expande a través del
globo, a medida que la creciente pobreza y miseria causan protestas callejeras
en el Oriente Medio, Africa y Europa, las élites hacen lo que todas las élites
han hecho. Lanzan más guerras, construyen monumentos más grandes para ellos
mismos, sumergen a sus naciones en un aún mayor endeudamiento, y a lo que todo
se desarma se desquitan con los trabajadores y los pobres. El colapso de la
economía global, que ha borrado la increíble suma de $ 40 billones
(40.000.000.000.000), fue causada por nuestras élites, que luego de destruir
nuestra base manufacturera, ha vendido cantidades masivas de documentos apoyados
en hipotecas fraudulentas a los fondos de pensiones y a pequeños inversionistas,
bancos, universidades, al estado mismo y gobiernos extranjeros y a sus
accionistas. Las élites, cubrieron sus pérdidas cuando se robaron el tesoro
público para volver a especular de nuevo. Ellas también, en el nombre de la
austeridad, comenzaron a desmantelar las bases de los servicios sociales,
quebrar lo que quedaba de las uniones, cortar empleos, congelar salarios, tirar
millones de personas de sus hogares, sin aproblemarse mientras creaban una clase
de permanentes desempleados y subempleados.
La élite maya se volvió al final, como escribe el antropólogo Ronald Wright en
sus notas “Una pequeña historia de Progreso,” ...”extremista y ultra
conservadora, sacándole hasta las últimas gotas de ganancia a la naturaleza y la
humanidad.” Esto es como en todas las civilizaciones, incluso la nuestra: se
osifican y mueren. Los signos de muerte inminente son imposible de negar. El
sentido común reclama una respuesta radical. Pero la carrera hacia la auto
inmolación sólo es acelerada por la parálisis moral e intelectual. Tal como
pensó Sigmund Freud en “Más allá del Principio del Placer” y en “Civilización y
sus Descontentos”, las sociedades humanas están intoxicadas y enceguecidas por
su propia carrera hacia la muerte y la destrucción, tanto como lo están por la
búsqueda de la satisfacción erótica.
Los levantamientos del Medio Oriente, la autodestrucción de las economías
nacionales, como la de Irlanda y Grecia, la creciente rabia de la clase
trabajadora en casa y en el extranjero, la creciente desesperación de las
migraciones humanas y la negación a detener nuestra despiadada destrucción del
ecosistema en el que depende la vida misma son todas señales de nuestro colapso,
consecuencia de la idiotez de nuestra élite y de la locura de la globalización.
Las protestas que no se construyen alrededor de una completa reconfiguración de
la sociedad norteamericana, incluyendo el rápido desmantelamiento del imperio y
del estado corporativo, sólo pueden retrasar lo inevitable. Seremos salvados
solamente por el nacimiento de un nuevo radicalismo militante que busque
destronar nuestra élite corrupta del poder, y no negociar mejores términos con
ella.
La economía global está construída sobre la creencia errónea de que el Mercado
–leamos mejor codicia humana- debe de dictar la conducta humana y expandir
eternamente las economías. El globalismo trabaja bajo la creencia de que el
ecosistema puede continuar siendo golpeado por emisiones masivas de carbón sin
mayores consecuencias. Y la máquina de expansión económica global está basada en
que siempre habrá petróleo barato y abundante. La inabilidad de confrontar
ciertas verdades simples sobre la naturaleza humana y del mundo natural hace a
las élites incapaces de articular paradigmas sociales, económicos y políticos
nuevos. Simplemente buscan formas de perpetuar un sistema moribundo.
La globalización es la articulación moderna de la ideología antigua usada por
las élites para transformar a los ciudadanos en ciervos y el mundo natural en un
páramo, en pos de ganar dinero. Nada es sagrado para estas élites. Los seres
humanos y el mundo natural son explotados hasta que queden exhautos y colapsen.
Las élites no pretenden defender el bien común. En síntesis, es la derrota del
pensamiento racional y la muerte del humanismo. La marcha hacia la
auto-destrucción ya ha terminado con el 90% de los grandes peces en los océanos
y la mitad de los bosques naturales maduros, los pulmones del planeta. A este
ritmo para el 2030 sólo existirán el 10% de los bosque tropicales de la Tierra.
El agua contaminada mata a 25.000 personas cada día en el planeta, y cada año 20
millones de niños son dañados por la malnutrición. El dióxido de carbono en la
atmósfera está hoy por encima de 350 partes por millón y la mayor parte de los
científicos sobre el clima nos advierten que es nivel máximo para sostener la
vida como la conocemos. [Nota del editor: la frase anterior ha sido revisada
desde que este artículo ha sido publicado primero aqui.] El Panel
Intergovernamental sobre el Cambio Climático estima que la medida podría
alcanzar de 541 a 970 ppm para el 2100. En ese punto enormes áreas del planeta,
sufriendo sobrepoblación, sequías, erosión de los suelos, tormentas inesperadas,
fallas masivas de los granos y crecientes niveles del mar, quedarían
incapacitadas para la existencia humana.
Jared Diamond en su ensayo “Los ùltimos Americanos” nota que para el tiempo que
Hernan Cortés alcanzó Yucatán, millones de mayas habían desaparecido.
“¿Por qué,” escribe Diamond, “reyes y nobles no reconocieron y resolvieron estos
problemas? La mayor razón fue que su atención estaba evidentemente focalizada en
problemas a corto plazo para su enriquecimiento, guerras, levantar monumentos,
competir entre ellos, y extraer suficientes alimentos de los campesinos como
para apoyar todas estas actividades.”
“Bombear ese petróleo, cortar esos árboles y pescar esos peces puede beneficiar
a la élite dándole más dinero o prestigio y sin embargo ser malo para la
sociedad (incluyendo los niños de la élite) a largo plazo,” Diamond dice. “Los
reyes Maya estaban consumidos por las preocupaciones inmediatas por su prestigio
(que requería más y más grandes templos) y su éxito en la próxima guerra
(requiriendo más seguidores), en vez de por la felicidad de los comuneros o de
la próxima generación. Esas gentes con el mayor poder de decision en nuestra
sociedad hoy hacen dinero regularmente en actividades que pueden ser malas para
la sociedad como tal y para sus propios niños; entre los que toman decisiones
están los ejecutivos de Enron, muchos que desarrollan la tierra (construcción),
y quienes exigen cortes de impuestos para los ricos.”
No fue diferente en la Isla de Pascua. Cuando los habitantes llegaron a la isla
de 64 millas cuadradas en el siglo 5, encontraron agua fresca en abundancia y
bosques llenos con la Palma Chilena del Vino, un árbol que puede llegar a ser
tan grande como el roble. Los alimentos del mar, incluyendo peces, focas,
marsopas y tortugas, y las aves marinas que anidan eran abundantes. La sociedad
de la Isla de Pascua, que se dividió en un sistema de castas elaborado de
nobles, sacerdotes y comuneros, había aumentado en cinco o seis siglos a 10.000
personas. Los recursos naturales fueron devorados y comenzaron a desaparecer.
“Los bosques fueron cortados para crecer granos que llevarían a un aumento
poblacional pero también a la erosion del suelo y al declive de la fertilidad
del suelo,” Paul Bahn y John Flenley escriben en “Easter Island, Earth Earth, o
Isla de Pascua, Isla Tierra.” “Progresivamente más tierra tendrá que ser
deforestada. Árboles y arbustos tendrán que ser cortados para hacer canoas, para
leña, construcción de viviendas y para las maderas y cuerdas necesarias para
levantar estatuas. Los frutos de la Palma serán comidos, reduciendo la
regeneración de la palma. Las ratas, introducidas con los alimentos, pueden
alimentarse de los frutos de la palma, multiplicando rapidamente y completamente
previniendo la regeneración de la palma. La sobre explotación de los prolíficas
aves marinas las habría eliminado excepto en los islotes lejos de la costa. Las
ratas pueden haber ayudado en este proceso comiendose sus huevos. Los alimentos
abundantes provistos por la pesca, las aves marinas y las ratas habrían
aumentado el crecimiento inicial de la población. El aumento de la población
humana sin límites pondría presión después sobre la disponibilidad de tierra,
llevando a disputas y eventualmente a la Guerra. La falta de madera y cuerda
hizo imposible tallar más estatuas. Desilucionados con la eficacia de la
religión de las estatuas en cuanto a proveer las necesidades de la gente pudo
haber llevado a que la población abandonara ese culto. La falta de canoas
restringió la pesca y llevó a un declive mayor en la provisión de proteínas. El
resultado puede haber sido un hambre general, la guerra y el colapso de la
economía toda, lo que llevaría a un marcado declive poblacional.”
Los clanes, en el período posterior de la civilización de Isla de Pascua,
compitieron por el honor de sus ancestors construyendo imágenes de piedra cada
vez mas grandes, estas demandaban el uso de lo que quedaba de madera, cuerda y
mano de obra en la isla. Para 1400 no quedaban bosques. El suelo estaba
erosionado y era arrastrado al mar. Los isleños comenzaron a pelear entre ellos
por la madera restante y tuvieron que comerse sus perros y pronto las aves
marinas que anidaban.
Desesperados, los isleños desarrollaron un sistema de creencias que planteaba
que los dioses de piedra, moai, volverían a la vida y los salvarían del
desastre. Este último refugio en la magia caracteriza a todas la sociedades que
caen en un declive terminal. Es una respuesta desesperada a la pérdida de
control, a la desesperanza y a la falta de poder. La vuelta desesperada a la
magia llevó a las danzas fantasmas de los Cherokee, a que los Taki Onqoy ya
perdidos se rebelaran contra los invasores españoles en Perú, y a las profesías
Azteca de los 1530. Las civilizaciones en sus ùltimos momentos se separan
totalmente de la realidad, una realidad que se vuelve muy deprimente como para
ser absorvida.
La creencia moderna de los cristianos bíblicos en el éxtasis, no existe en la
literature bíblica, y no es menos fantástica, cuando uno acepta negar la
realidad del calentamiento global, o de la evolución, o acepta la teoría absurda
de que los honrados han de ser salvados e iran flotando desnudos al paraíso al
fin de los tiempos, está cayendo en lo mismo. La fé que la ciencia y la
tecnología, que son moralmente neutras y sirven a las ambiciones humanas,
volverán integro nuevamente el mundo no es menos ilusoria. Tenemos pensamiento
mágico secular tanto como religioso.
Pensamos que hemos de alguna forma escapado los errores del pasado. Estamos
seguros de que somos más sabios y más grandes que los que fueron otros antes que
nosotros. Ingenuamente creemos en la inevitabilidad de nuestra propia salvación.
Y quienes proveen falsas esperanzas, en especial a lo que las cosas se
deterioran, reciben nuestra adulación y nuestras alabanzas. Nosotros en los
Estados Unidos, somos sólo un 5% de la población del mundo, pero nos indignamos
si alguien nos dice que no tenemos derecho divino a niveles de consumo que
derrochan el 25% de la energía del planeta. El presidente Jimmy Carter, cuando
sugirió que ese consumo no era beneficioso, fue transformado en una figura del
ridículo nacional. A medida que las cosas se vuelven peor demandamos incluso un
discurso mas iluso y feliz. Quienes estén dispuestos a proveernos esa fantasia e
ilusión son, porque nos hacen politicamente pasivos, apoyados muy generosamente
y promocionados por las fuerzas corporativas y oligárquicas. Y en el final mismo
han de llevarnos felices al despeñadero esos mismos bobalicones y lunáticos,
muchos de los cuales parecen estar formando fila en estos momentos para la
nominación del candidato presidencial Republicano (en EEUU).
“¿Pueden, eventos acaecidos hace 300 años en una pequeña isla, tener
significancia para el mundo?” Bahn y Flenley pregunataron. “Nosotros creemos que
si. Consideramos que la Isla de Pascua es un microcosmo que provee un modelo
para todo el planeta. Como la Tierra, Isla de Pascua era un sistema cerrado. La
gente creía que eran los únicos sobrevivientes en la Tierra, todas las otras
tierras hundidas en el mar. Ellos llevaron acabo para nosotros este experimento
de crecimiento poblacional sin restricciones, uso de recursos sin medida,
destrucción del medio ambiente y creer con mucha confianza que su religión se
encargaría del futuro. El resultado fue un desastre ecológico que llevó a un
colapso poblacional. ... ¿Tenemos que repetir el experimento en mayor escala?
¿Tenemos que ser tan cínicos como Henry Ford y decir ‘La historia es una
tontería’? ¿No será más sensible aprender de la lección que nos da la historia
de Isla de Pascua y aplicarla a la Tierra isla en la que vivimos?”
Los seres humanos parecen sufrir la maldición de tener que repetir estos ciclos
de explotación y colapso. Y con un mayor tamaño del deterioro se da una menor
capacidad de comprender que es lo que está pasando alrededor. La Tierra está
plagada de restos de tonterías y arrogancias humanas. Parecemos condenados a ir
nosotros y llevar nuestra especie a la extinction, aunque este momento parece
que vivimos el desenlace de lo que ha sido la vida establecida y civilizada del
planeta que comenzara hace unos 5000 años. No queda nada en el planeta por
tomar. Estamos gastando lo último de nuestro capital natural, incluso nuestros
bosque, el combustible fósil, el aire y el agua.
Esta vez al caer, nuestra caida ha de ser global. No hay nuevas tierras que
saquear, no hay nuevos pueblos que explotar. La tecnología, que ha terminado las
limitaciones tiempo y espacio, ha vuelto nuestra aldea global en una trampa de
muerte global. El destino de la Isla de Pascua ha de ser escrito en grande a lo
largo de la extensión del planeta Tierra.
www.globalresearch.ca, truthdig.com (Traduce Nora Fernandez)
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