Innumerables narrativas, hipótesis e
interpretaciones acerca de la inminente llegada del año 2012 han comenzado a
circular por todo el mundo. Cada vez son más las preguntas que suscita la
llegada del cambio advertido en las profecías mayas. ¿Año trágico? ¿Final de los
tiempos? ¿Comienzo de una nueva era? ¿Qué le depara a la humanidad y al planeta
Tierra la venida de esa fatídica fecha?
El solsticio de diciembre de 2012 sellaría el final de un ciclo de casi 26 mil
años de duración y se correspondería con el último día del decimotercer Baktun
del calendario maya. A diferencia del calendario gregoriano, el tzolkin (“la
cuenta de los días”) o versión maya del ciclo sagrado consta de 260 días y 13
meses de 20 días cada uno. Se trata de un calendario tridimensional basado en el
Sol (los sellos), la Luna (los tonos) y la estrella Sirio.
El epigrafista Carlos Pallán Gayol, investigador del Instituto Nacional de
Antropología e Historia (INAH), sostiene que dicha civilización no dejó
evidencias que permitan concluir el advenimiento del fin del mundo. A diferencia
de las sociedades modernas, los antiguos mesoamericanos poseían una concepción
del tiempo referida a ciclos concretos. Su preocupación giraba en torno a la
celebración de rituales cuya eficacia radicaba, de alguna manera, en garantizar
que el ciclo venidero resultara propicio
Los antiguos astrónomos descubrieron que el movimiento precesional que ocasiona
cambios en la ubicación de los equinoccios y solsticios se da cada 26.000 años
aproximadamente. El año 2012 marca un cambio de este tenor.
Algunas perspectivas científicas señalan que tanto la Tierra como el Sol
atravesarán un proceso de inversión del polo magnético para esa fecha. Los
astrónomos predicen que el solsticio coincidirá con un alineamiento del Sol con
el Ecuador Galáctico que causará un movimiento del eje de la Vía Láctea.
En su libro “El código secreto de la Biblia” (1997), Michael Drosnin afirma que,
de acuerdo con ciertos algoritmos del código secreto de la Biblia, un asteroide
o un cometa chocará con el planeta. Por su parte, en la publicación “2012: The
Return of Quetzalcóatl” (2006), Daniel Pinchbeck discute diversas teorías que
aluden a un despertar de la conciencia y la subsecuente creación de una
noosfera.
Aparentemente, en el Libro Secreto, Nostradamus se refiere a una nueva
constelación o signo secreto que dictará el momento del apocalipsis al
producirse la alineación del Sol con la constelación Ofiuco y el centro de la
galaxia.
Por último, el matemático británico Isaac Newton (1643-1727), conocido por
establecer las bases de la mecánica y enunciar la ley de la gravitación
universal, teorizó acerca del fin del mundo, a partir de la Biblia, fijando como
fecha cúlmine al año 2060 de nuestra era. Los secretos de Newton incluyen
detalles de los experimentos de alquimia del matemático y de su interés por las
profecías apocalípticas. Según afirma el centro educativo, Newton se veía a sí
mismo como una especie de profeta por sus trabajos en este sentido.
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Por
Ana Kerman
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