ENTREVISTA con
Paola Figueroa
Historiadora y docente de la UNCuyo.
Las profecías mayas, Mendoza y el fin del mundo.
El 21 de diciembre de 2012 será el fin de la civilización tal como la conocemos"
dicen estas profecías. Dos investigadoras locales explican la veracidad de la
predicción, que es un fenómeno mundial.
Otra vez llega el fin del mundo. Todas las fuerzas de la naturaleza, con su
temible repertorio de erupciones volcánicas, terremotos y tormentas solares, se
desatarán el 21 de diciembre de 2012. Así lo anuncian las famosas profecías
mayas.
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Se trata de siete jeroglifos
que predicen que ese día el Sol recibirá un rayo sincronizador del
centro de la galaxia; que las transformaciones físicas en el Sol
alterarán el comportamiento de los hombres; que aumentará la temperatura
de la Tierra y se producirán desequilibrios climáticos y geológicos; que
una ola de calor provocará el derretimiento de los polos; que se
producirá un colapso en la red informática, la electricidad y los
sistemas económicos, sociales y religiosos; que caerá un cometa que
transformará bruscamente la superficie del planeta y finalmente, que si
cada ser humano logra la paz interior podrá desarrollar nuevos sentidos
y armonizará con la galaxia.
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O sea, el Apocalipsis está servido. Mientras la hecatombe de 2012, de Roland
Emmerich arrasa con la taquilla; History Channel y Discovery Channel estrenan especiales acerca
de estas profecías y recuperan viejos programas que tienen como protagonistas a
Nostradamus, Benjamín Parravicini o Isaac Newton, entre otros famosos videntes
de catástrofes mundiales, Internet se atiborra de sitios donde las profecías son
interpretadas una y otra vez bajo las más diversas inspiraciones, desde las
tendencias New Age al más genuino morbo.
La curiosidad, el temor y la expectativa es tan grande que la
NASA inauguró una sección en su página web donde sus astrofísicos abordan el
tema y responden las inquietudes de la gente.
Como este tema involucra básicamente a la historia y a la
astronomía, consultamos a dos especialistas locales: la astrónoma Beatriz
García, investigadora del CONICET, docente de la UTN y asesora del Observatorio
Pierre Auger, y la historiadora Paola Figueroa, docente de la UNCuyo, quienes
explican las características de estas profecías y analizan su veracidad.
Calendarios, glifos y mentiras
Las "profecías mayas" no son tales. "Tienen su origen en un
texto de Frank Waters, un escritor especulativo, quien en 1975 publicó un libro
llamado Misticismo mexicano. Allí hace referencia a las estelas y les da entidad
de `profecías´ a las inscripciones, adoptando una interpretación personal y
errónea de los ideogramas. Después de él, varios autores amantes de este tipo de
temas, asociados con la mística y la catástrofe, continuaron y ampliaron esas
propuestas, las que han derivado en cientos de páginas web, atiborradas de falsa
información”, subraya Beatriz García (foto).
La doctora en astronomía explica que “los mayas adoptaron dos
tipos de calendarios, que correspondían a dos ciclos con usos independientes.
Uno era el calendario civil, de 365 días, llamado Haab, parecido al calendario
moderno, pues se basaba en el movimiento de la Tierra en torno del Sol”.
“El otro era el Tzolkin, un calendario sagrado, de 260 días.
Los mayas combinaban ambos calendarios para obtener una Cuenta Corta o ciclo de
52 años. Este ciclo estaba contenido en uno mayor, llamado Cuenta Larga. La
Cuenta Larga les permitía contar el número de días transcurridos desde el inicio
de una Era Maya. Este ciclo comprendía 13 grandes periodos de 394 días cada
uno”, detalla.
Una cuenta que no es cuento
Los mayas crearon un sistema de medición del tiempo por
acumulación de cantidades, las que expresan mediante posiciones que se dan como
resultados múltiplos de 20. La escritura maya se representa mediante glifos y a
partir de ellos fue posible deducir que los calendarios se usaban para
determinar épocas de siembra y cosecha, predecir eclipses solares y lunares y
otros movimientos de cuerpos celestes, tales como los del planeta Venus.
“Así, partiendo desde el 0, otro concepto que conocían a la
perfección, un día es un kin; y 20 x 20 días es un iunal. En esa secuencia, de
la multiplicación de 20 x 7.200 días se representa en un glifo llamado katun; de
cuyo resultado se obtiene un baktun, es decir, 144.000 días”, señala la
astrónoma.
Cada Era Maya comprende un total de 13 baktuns completos, y
se piensa que la presente inició en el 3114 AC.
Una estela que deja estela
Una de las nueve estelas monumentales que se encuentran en el
centro arqueológico de Quiriguá (foto) es la que hace referencia al inicio de la
Quinta Era Maya, justamente casi tres mil años antes de la Era Cristiana.
“En ninguna parte de esa estela ni de otras se hace
referencia alguna al fin del mundo, ni de ningún hecho catastrófico provocado
por agentes naturales, sino a una suerte de recomienzo del mundo, pero entendido
en términos culturales; es decir, una renovación místico espiritual propio de su
cosmogonía”, enfatiza García.
Respecto de la fecha mencionada como clave, el 21 de
diciembre de 2012, es la fecha aproximada de acuerdo al solsticio de verano que
coincidiría con la que se desprende de la interpretación de los glifos, en que
esta nueva era maya comenzaría.
La investigadora afirma que “entre los acontecimientos
astronómicos reales que se esperan en 2012, podemos mencionar uno significativo:
es el tránsito de Venus (el planeta pasa por delante del disco solar), fenómeno
que sucede dos veces cada siglo. Ya ocurrió en 2004 y tendrá lugar nuevamente en
junio de 2012, por lo que podemos considerarnos afortunados, astronómicamente
hablando, de presenciarlo nuevamente”.
“Otro fenónemo celeste que también se espera para ese año es
el de una mayor actividad solar, debido a que nuestra estrella esta entrando en
su periodo de actividad (cosa que ocurre cada 11 años); durante estos periodos,
la actividad solar repercute en el ecosistema terrestre, produciendo, por
ejemplo, que las auroras boreales y australes se intensifiquen, que se vean
afectadas las comunicaciones y, con seguridad, generen alertas por exceso de
partículas que llegan desde el sol en el denominado viento solar. Sin embargo, y
a pesar de que la noticia ha circulado en Internet, no se producirá ninguna
alineación planetaria”, argumenta la investigadora.
Del cielo a la piedra
“Los mayas eran excelentes observadores del cielo”, describe
Paola Figueroa (foto), docente de la cátedra Ambiente y Cultura en la América
Hispánica en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo. “Hay
investigaciones arqueológicas muy importantes por sus sitios, cerámicas,
códices, jeroglíficos, por su arquitectura monumental y su vinculación con su
cultura exquisita y por sus observaciones astronómicas que eran muy precisas”.
“Los códices fueron uno de sus recursos para registrar
conocimientos. Se trata de rollos de papel amatl coloreados, es decir, son
pictogramas. El amatl es la corteza de un árbol que crece en la selva mexicana.
Parte de la información que algunos interpretan como las profecías está en los
códices, pero también está en las estelas”, sostiene la historiadora.
Las estelas son rocas, monolíticas, graníticas, generalmente
de origen volcánico, que tienen bajorrelieves, son ideogramas, es decir, son
conceptos. “Por eso, es tan difícil interpretarlos porque pueden tener varias
líneas de interpretación”, arguye Figueroa.
De profecías, nada
“No son profecías, son parte de sus calendarios. Y en ese
calendario, que sí efectivamente podría interpretarse que llega al 2012, algunos
leen la llegada de catástrofes apocalípticas”, enfatiza la especialista en
culturas precolombinas.
Y agrega: “Insisto en que no se trata de profecías sino de un
calendario que anticipa hechos del futuro fruto de sus observaciones
astronómicas y de su capacidad matemática podrían predecir determinados
fenómenos astronómicos en virtud de su repetición en determinados lapsos de
tiempo. Eso lo han hecho muchas culturas. Por ejemplo, ellos conocían las fases
de la luna y el movimiento de ciertos astros entre ellos Marte, todo ello a
partir de la observación matemática y rigurosa. Esto no tiene ninguna
connotación metafísica, sino sólo astronómica”.
“El término profecía aplicados estos glifos ya es una falacia
en sí mismo porque es una interpretación”, asevera como para que no queden
dudas.
No un final, sino un nuevo comienzo
“Los calendarios mayas son muy importantes porque no sólo
miden el tiempo humano sino que intentan medir el tiempo de los dioses. Por eso,
esta necesidad social y cultural de anticipar el futuro, como una manera de
poder ver la voluntad de los dioses”, sostiene Figueroa.
La docente de UNCuyo manifiesta que “la concepción del tiempo
de los mayas era cíclica y el final señalado en su calendario no es un final,
sino un nuevo comienzo. Esta noción la comparten con la cultura azteca. La idea
de una dualidad complementaria, no de oposición, entre la luz y la oscuridad, lo
masculino y femenino, el arriba y el abajo, la vida y muerte. En ese
complementarse, en la búsqueda de la armonía de esos opuestos, que deben
complementarse para terminar de ser ellos mismos, avanza el mundo en etapas”.
“Para los mayas ellos estaban viviendo su quinto mundo, su
quinto Sol. Los cuatro mundos anteriores habían concluido y dado lugar a otros
nuevos, con otras características. En el comienzo de su quinto mundo los mismos
dioses se habían entregado al fuego para darle vida al hombre y con ese hecho
habían obligado al hombre a mantener vivos a los dioses para que no se terminara
ese mundo. De ahí, los sacrificios humanos. Es una compleja cosmovisión que
comparten con los aztecas”, dice Figueroa.
Es decir que los mayas tienen una mirada de mundos, de ciclos
sucesivos, secuencial e histórica. Este último mundo que había comenzado en el
Siglo XII terminaba en el Siglo XXI.
Entre la ciencia y Hollywood
Para ambas investigadoras, es muy importante que los
especialistas brinden información veraz en casos como estos y que aporten
claridad entre tanta oscura ansiedad supersticiosa.
“Creo que es necesario llevarle tranquilidad a la gente,
porque en 2012 no se va producir ninguna catástrofe al estilo de las películas
de Hollywood”, afirma contundente la doctora Beatriz García.
Por su parte, Paola Figueroa entiende que “la avidez de
novedad del mundo posmoderno para el Occidente, más la avidez de creer en nuevas
cosas, nuevos ídolos, nuevos dioses, genera un fermento social y cultural donde
este tipo de cosas empiezan a calar profundo” y destaca que, aunque los
académicos muchas veces están ausentes de estos procesos populares y sociales
porque temen caer en el descrédito, ella cree que un buen momento para ofrecer
la palabra científica “para brindar otra posición respecto de procesos que
tienen que ver con la vida cultural de un pueblo”.
Fuente: Patricia Rodón
prodon@mdzol.com
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