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En el capítulo que trata de los eclipses del
Códice de Dresde,
los ciclos establecidos mediante los seis meses lunares constituyen la base del
cálculo de los eclipses solares y lunares posibles.
En él, el eclipse aparece representado como una superficie en
blanco y negro con el signo del Sol o el de la Luna dentro. Los signos del
zodíaco se acoplan aparentemente con los ciclos de los eclipses. Así, en una
representación del Códice de París los diversos signos del zodíaco penden de una
franja celeste y se aferran al símbolo del eclipse solar.
Por lo visto, los mayas pensaban que en los eclipses solares
el Sol desaparecía engullido, pues, a propósito de uno de ellos, en el libro de
Chilam Balam de Chumayel se decía que “entonces fue mordida la cara del Sol”.
El zodíaco maya constaba de 13 signos: un ave (Libra), una
tortuga (estrellas del cinturón de Orión), un escorpión (Escorpión), una lechuza
(Géminis), una serpiente (Sagitario), un papagayo (Capricornio), una rana (parte
oeste de Leo), un murciélago (Acuario),un cerdo (parte este de Leo), un signo no
conservado (Virgo), un esqueleto (Piscis), un jaguar (Aries), así como un signo
todavía no identificado.
Esta sucesión de signos del zodíaco no se corresponde con su
posición real en el firmamento. Los aj k’inob o sacerdotes del calendario
agrupaban los signos del zodíaco por pares. Eligieron esta distribución para que
apareciesen emparejados el signo que emergía al amanecer por el este y el que
simultáneamente se ocultaba por el oeste. De este modo podían averiguar
exactamente cuál era la posición de los signos del zodíaco en el firmamento sin
tener que recurrir a medios técnicos.
El zodiaco consta de un ciclo de 364 días, dividido en 13
periodos de 28 días. Cada línea indica un transcurso completo y el primer día de
visibilidad de un signo del zodíaco se consigna mediante el símbolo del día. Los
13 signos del zodíaco se representaban como animales y seres míticos
El capítulo de los eclipses permitía calcular los eclipses
del Sol y de la Luna. Las columnas con tres signos del día designaban
invariablemente los ciclos de tres días en los que podía producirse un eclipse.
Como los mayas no utilizaban las fracciones, los periodos de duración inferior a
un día se sumaban y se intercalaban en el lugar correspondiente para lograr el
ajuste aritmético. Los eclipses solares o lunares se representaban mediante una
superficie en blanco y negro que encuadraba los signos correspondientes al Sol y
la Luna..
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